Yo sé a ciencia cierta , porque lo he vivido, sufrido y
parido que un restaurante es un negocio difícil, la competencia es despiadada,
todos los días abren un restaurante y cierran dos.

Nuestra responsabilidad con el cliente empieza con decirle
que se está comiendo, adornar nuestro menú con palabras ricas, sabrosas es
válido pero decirle que está comiendo mero o róbalo y es basa, no. Eso se llama
engaño claro y sencillo así como el lenguaje que debemos usar.¿ Usted quiere
poner róbalo en su carta? Pues compre róbalo sino puede darse ese lujo porque
tiene un sistema de costos apretado, intente con productos como tilapia,
cachama, mojarra, eso sí pescados y procesados en Colombia.
El pangasius hypothalamus, o la basa es un pescado de la
familia de los bagres que se cultiva en el río Mekong en Vietnam y que tarda
de 18 a 22 días en llegar al país, se transporta surcongelado y no precisamente
en agua bendita y aunque tengamos la suerte de adquirirlo en sitios donde se
cumpla con toda la reglamentación y
tenga hasta la unción de un pastor su compra es perjudicial para los
colombianos que echan sus atarrayas al rio y para el pobre cliente que cree ingenuamente
que ese bocado aguado y que no sabe a nada es mero.
Bendito marketing que nos envuelves en tu nube y después nos
tiras desde allá arriba. Nosotros somos masoquistas, nos gusta que nos engañen
y que nos vean la cara de bobos, el mero es un pescado firme y que sabe a mar y
nucna cuesta menos de 40 mil pesos el plato. No me diga que si a usted le
ofrecen un anillo de diamantes por 20 mil pesos lo va a comprar, sospeche!
Sé que este post sonó a regaño, pero realmente los
restaurantes irresponsables se merecen un jalón de orejas, porque es
fundamental que entendamos que nosotros como cocineros tenemos el poder de
controlar el mercado, si no lo compramos no lo van a vender más, los proveedores se acomodan a nosotros, no al
revés. Nuestra responsabilidad es hacer una cocina sostenible que si bien
consuma productos importados no los prefiera sobre los locales. Cocinemos y
comamos con conciencia.
Mis tocinetas caramelizadas, a pensar en lo que comemos!
COLETTE
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